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El club

Presidente honorífico

Modesto, prudente, sabio… Víctor Rubio se define como un hombre empático, tendente a la soledad y adicto al sol. Quienes se hayan cruzado por su camino (pasillos del hospital, canchas, su anhelada costa valenciana…) apuntarían, además, que es un profesional brillante, un deportista memorable y un ser humano excepcional. Un hombre que mira la vida de frente y que a sus 67 años, según la templanza de su discurso, sus méritos atesorados son fruto de la tenacidad y la autoconfianza.

Desgastó las primeras suelas de sus zapatos entre la calle Mayor y la plazoleta de la Iglesia de Sta. María de Palacio, testigos mudos de que Vitín, el hijo de Juanita la “pescatera”, esbozaba un porvenir de éxitos. Alumno de resultados impecables que se considera mal estudiante, debido a la falta de regularidad en los estudios, confiándolo todo a la vehemencia de su carácter. Deportista insaciable que dominaba cualquier disciplina: gimnasia, voleibol (Mejor Jugador Juvenil de La Rioja en los Juegos Escolares), baloncesto (Mejor Jugador Juvenil de La Rioja y Mejor Deportista Absoluto de La Rioja 1972). También cuenta con la Mención al Mérito Deportivo, concedida en 2011.

La mecha estaba encendida y fue en el Bachillerato cuando comenzó a deslumbrar con sus excelentes resultados académicos y a iluminar las canchas. “Gervasio Revuelta, jefe de estudios, iba a jugar a baloncesto con sus hijos los jueves por la tarde y nos cogió a los dos alumnos más altos del curso. Una vez que empecé a botar el balón este deporte me enganchó”.

Isidro Martínez, profesor de Gimnasia de Rubio, seleccionó a un grupo de alumnos para formar un equipo Juvenil que participara en los Juegos Deportivos. “Recuerdo que lo íbamos ganando todo, clasificándonos para la final donde nos esperaba Maristas. El partido definitivo se iba a realizar en Adarraga. Allí acudimos vestidos con chándales azulones que llevaban impresos enormes números blancos. Nuestros contrincantes los portaban de raso y, además, eran dirigidos por dos entrenadores muy buenos. ¡Estábamos asustadísimos! Nuestro entrenador, al observar nuestro estado anímico, nos ordenó dar varias vueltas al recinto deportivo para ver si se nos pasaba la angustia… Ganamos 40-28. Yo anoté doce puntos, transformando en tantos cinco ‘pedradas’ contra el tablero de madera que sujetaba la canasta. Quedamos campeones y nos fuimos a celebrarlo a la calle Laurel”.

Meses después, en el patio del instituto, se celebra un partido amistoso contra el Lanas Esmeralda, origen del C.B. Clavijo, y su entrenador, Luis Loma Osorio, se fija en él y lo ficha. “La primera temporada –tenía 18 años– no jugué ni un minuto en partidos de competición, enseñándome lo más importante de este deporte: la técnica individual”. Futis, apodo por el que le conocían sus compañeros y cuyo significado desconoce, consciente de su potencial, volcó todos sus esfuerzos sobre la pista. Recuerda que, al final de su primera temporada en el Lanas, jugaban en los entrenamientos un “uno contra uno” en todo el campo. El que encestaba seguía jugando. Rubio consigue eliminar a todos sus compañeros y su entrenador, como premio, le informa de que va a debutar en el próximo partido, último de la temporada. El partido era a las 12 del mediodía y… tampoco salió.

A partir de la campaña siguiente todo cambió.

“Era un chupón, lo tiraba absolutamente todo… y las metía. Alguien se las tenía que jugar”. En muchos partidos superaba los 30 puntos de anotación.

Sus progresos en la cancha iban de la mano de su brillante expediente académico. Un manto de matrículas de honor le llevó a quedar primero en su promoción de Magisterio (uno de los tres grados que en esa época se podían estudiar en Logroño), ejerciendo como maestro durante tres años. Pero su verdadero desarrollo personal llegó en 1973, cuando inició su carrera de Medicina en Zaragoza. “De pequeño consultaba los temas de Ciencias en la Enciclopedia Álvarez de mi hermana mayor: los pulmones, el corazón, etc. Me gustaba todo lo que fuera ayudar”. Rubio inició una trayectoria imparable, terminando sus estudios en la Universidad de Barcelona. Más adelante, en el Hospital de La Fe de Valencia se especializa en Radiodiagnóstico, formándose en Alta Tecnología. A su regreso a Logroño, en diciembre de 1990, y habiendo obtenido el título de Doctor en Medicina Cum Laude, era el único especialista experto en Resonancia Magnética.

Asuntos familiares y su pasión por el deporte le hacen llegar hasta el Club Baloncesto Las Gaunas. En 1992, las ex alumnas del centro homónimo, a través de su asociación, querían seguir haciendo deporte y así se creó el club. “Luis Birigay y Ángel Sainz de Azuelo fueron actores importantes del proyecto en su origen. Otros muchos lo continuamos aportando lo mejor que sabíamos y teníamos en cada instante”.

Víctor Rubio reconoce el saber y el interés de los entrenadores, alabando el esfuerzo de jugadoras y familiares por sacar el club adelante. Pero realmente fue él, Vitín, Futis, quien intentó fundir los dos elementos que se necesitaban para seguir creciendo como uno solo. Ambicioso, valiente, sin límites… “En un partido de fútbol (final España–Suiza Sub-23) le facilité un dosier del club Las Gaunas a Luis Cacho (presidente de Fundación Promete) y éste, cuando se ascendió a Liga Femenina 2, aceptó el reto comenzando a patrocinar el equipo y al club. Era la cuadratura del círculo, porque unir educación y deporte es perfecto”. Una vez estabilizado el club y con los objetivos marcados, Rubio reconocía en una entrevista que “en esos momentos había un poco de vértigo y también mariposillas en el estómago”.

Desde la formación del Club Deportivo Promete, Rubio, además de convertirse en el presidente honorífico, es el médico del club, por lo que es seguro encontrarle a pie de pista dispuesto a saltar en caso de emergencia, presumiendo de conocer a las jugadoras al milímetro, a las que ensalza. “Hace falta ser muy hábil e inteligente para desenvolverse en un espacio tan pequeño. 10 personas, 20 pies y 20 manos peleando por un balón en una angosta zona. El baloncesto te favorece para desarrollar habilidades que te ayudarán en la vida. Forja la personalidad”.

Modesto, prudente, sabio… Víctor Rubio da gracias a este deporte –y a sus actividades profesionales– por haberle permitido conocer y querer a la gente con la que ha jugado, con la que ha competido, con la que ha disfrutado y con la que se ha relacionado. “Sé que puedo escribir, en cualquier instante, 100 nombres de personas a las que llamo a las 4 de la madrugada y se sientan a mi lado a escuchar mi rollo… y esos son los amigos”. Y en palabras del propio Víctor Rubio: “Este deporte es el pretexto para seguir conociendo gente y compartir mi pasión”.

Al despedirse de sus compañeros en el Hospital San Pedro de Logroño les dijo: “Gracias por haberos dejado querer”, recordando, con emoción, la dedicatoria que uno de ellos escribió en un libro que le regaló: “A Víctor, que pudiendo hacerse el interesante solo se interesa por los demás”.